Descubrí mientras me preparaba un coctel Alexander que el gran misterio de la vida se concentra en el tiempo presente. De tal manera que provocarme un placer en el ahora también me haría una persona feliz en el pasado y en el futuro. El enigma de la existencia consiste en que el tiempo entero se acumula en el presente. El pasado y el futuro bailan en la punta de una aguja que está sobre el alma, le pertenece, de modo q estar vivo no es más que repetir lo que a uno le queda por vivir. Según esta teoría, si me procuraba un pequeño placer del mundo se expandiría a lo largo de mi vida hasta llenarla por completo. Pensando en esta ambición coloqué el coctel en una copa ancha y, siguiendo la receta, le espolvoree una pizca de canela en polvo. Quise llevar esta filosofía hasta el límite e imaginé que el alma se hería a sí misma con su propia aguja cuya punta invisible contenía el pasado y el futuro, el tiempo continuo allí bailando y que una gota de sangre caía en la copa como un ingrediente más. También el tiempo podría caber en una gota de sangre o en una lagrima, pensé. Recordando todo el presente me llevé la copa a los labios. El cóctel Alexander es muy suave, pero me invadió muy pronto el cerebro con la imagen borrosa de mi propio cuerpo lejano y feliz. Al tercer sorbo sentí que la unidad del tiempo ya me pertenecía. Sabía que al recordar la primera pasión de la niñez, la belleza y su armonía, ellas se dilatarían hasta llenar todo lo que me quedara por vivir y si lograba ser feliz en ese instante, a pesar de la sangre o de mis lagrimas, toda la felicidad del mundo me llegaría hasta el fondo de los pies y allí el tiempo seguiría bailando para mi ... siempre...
Good Day


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